Editorial

Muchos se han preguntado qué rol cumple el periodismo dentro de una comunidad y todavía se lo preguntan. Pero en nuestro caso, qué papel podría cumplir un periodista dentro de un barrio pequeño del sur de la Capital Federal.

Según la definición enciclopédica, el periodista se encarga de recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información. ¿Sólo eso? No. El periodista realiza una tarea superior a las anteriores que pueden ser realizadas por cualquier computadora. Los periodistas son los encargados de contar la realidad y de mostrar la verdad.

Acusado muchas veces de ser funcional a los poderes de turno, de dejarse comprar la opinión o incluso de desinformar a la sociedad. ¿Se puede hacer algo ante esto? ¿Se puede ser creíble frente a todos los prejuicios que se instalan sobre los periodistas? ¿Se puede hacer periodismo?…

Volviendo a la pregunta del inicio: ¿Cuál es la función de un periodista dentro un barrio pequeño como el nuestro? La de confirmar lo positivo y acallar a los que critican y denostan la profesión.  Y por sobre todas las cosas, queda lo más importante: Hacer pensar

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“… El periodismo nunca fue un mero modo de ganarse la vida sino un recurso providencial para ganar la vida. En cada una de sus crónicas los grandes, aún en aquellas que nacieron bajo  él apremio de las horas de cierre, los maestros de la literatura latinoamericana comprometieron  el propio ser tan a fondo como en el más decisivos de sus libros. Sabían que, si traicionaban a la palabra hasta en el más anónimo de los boletines de prensa, estaban traicionando lo mejor de sí mismos. El compromiso con la palabra es a tiempo completo, a vida completa. Puede ser que el periodista convencional no lo piense así. Pero un periodista de veras no tiene otra salida que pensar así. El periodismo no es algo que uno se pone encima a la hora de ir al trabajo. Es algo que duerme con nosotros, que respira y ama con nuestras vísceras y nuestros mismos sentimientos… ”

Tomás Eloy Martínez

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